Mariano Kestelboim - Economista de la Sociedad Internacional para el Desarrollo
La política económica de la última década se basó en cuatro pilares fundamentales: la redistribución del ingreso, la administración del tipo de cambio, también del comercio y de las relaciones económicas internacionales y, finalmente, el desendeudamiento. Esto implicó un contexto económico favorable para el mayor crecimiento económico argentino de la historia.
La administración kirchnerista rompió con el modelo económico tradicional para la región: por primera vez hubo una política económica autónoma, soberana. Hoy eso se refleja, particularmente, en el proceso de desindustrialización que se registró en la región, excepto en la Argentina. El país aprovecho las condiciones internacionales favorables para avanzar hacia una mayor industrialización.
Claramente, además, se evidenció un proceso de sustitución de importaciones, orientado hacia el mercado interno. Eso fue fundamental para sostener el crecimiento industrial. En lo que se refiere a la administración del comercio se coordinaron acciones de política impositiva, de acuerdos sobre exportaciones y también de importaciones, como las licencias no automáticas, las declaraciones juradas, medidas antidumping y acuerdos comerciales con Brasil.
La administración del tipo de cambio fue central para estimular el desarrollo productivo interno. Sin embargo, un tipo de cambio competitivo es útil en la medida que la capacidad de uso productivo se fue colmando. Su desarrollo permitió inversiones para modernizar y ampliar plantas, aunque todavía están latentes algunos problemas estructurales en la economía. La situación macroeconómica no se resuelve tan sólo con ajustes del tipo de cambio; hacen falta una serie de baterías de acciones, de capacidad administrativa y política para salir. Y esos dilemas son los que están generando tensiones, en precios relativos, en costos y en la desaceleración del crecimiento.
La redistribución del ingreso fue clave, uno de los corazones de la política económica kirchnerista. Se conjugaron en ella una serie de políticas públicas como los aumentos salariales por decreto de suma fija, la ampliación de las coberturas previsionales, la promoción de las negociaciones colectivas de trabajo, las subas sistemáticas del salario y del haber mínimo y la asignación universal por hijo. Todo esto permitió una mayor inclusión social que benefició a sectores económicos de la población que habían sido postergados que, en la década anterior, estaban en una situación de extrema vulnerabilidad.
En suma, hay una continuidad -entre la política de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández- hasta 2011. Hacia fines de ese año, la crisis financiera internacional empieza a afectar la economía nacional. Fue entonces cuando la administración económica no estimula fervorosamente el crecimiento productivo y empiezan a florecer algunas tensiones distributivas y restricciones a nivel estructural, por diferentes cuellos de botella que atraviesa la economía argentina. Esto ha causado las dificultades para el proceso de crecimiento del país.
Creo que la Argentina debe dirigirse hacia una economía más administrada, con mayor intervención del Estado en el funcionamiento de los mercados, a partir de instrumentos de política pública. Esas medidas permitirán redistribuir parte del excedente en función de las necesidades del desarrollo productivo y social de la Argentina.